miércoles, 18 de junio de 2008

Tres psiquiatras de Harvard, investigados por cobros millonarios de la industria farmacéutica

ELMUNDO.ES
MADRID. 09/06/2008- Al doctor Thomas Spencer, de la Universidad de Harvard, se le 'olvidó' mencionar que entre 2000 y 2007 cobró un millón de dólares procedente de compañías farmacéuticas en concepto de asesor y consultor. Sus colegas Joseph Biederman y Timothy Wilens, psiquiatras como él, pasaron por alto otros 1,6 millones de dólares cuando hicieron balance de sus posibles conflictos de intereses. Una investigación del Senado de EEUU que acaba de hacer pública el diario
'The New York Times' ha desatado el escándalo.
Los tres especialistas de Harvard (la prestigiosa universidad estadounidense), que ejercen además en el Hospital General de Massachusetts, incumplieron reiteradamente las normas internas de su universidad y la normativa federal diseñada para informar de los conflictos de interés entre investigadores y empresas privadas. Los Institutos Nacionales de Salud de EEUU obligan a que se declare cualquier pago superior a 10.000 dólares al año por asesorar a fabricantes de fármacos.
Ahora, una investigación del senador republicano Charles Grassley acaba de desvelar las incongruencias entre las cantidades que ellos declaraban recibir y las que se embolsaron realmente. Y a pesar de las cifras conocidas este fin de semana, Grassley no descarta que las diferencias puedan ser aún mayores, debido a las disparidades que ha hallado en la información obtenida de los ficheros de algunos laboratorios.
Antipsicóticos para niños
Uno de los implicados en este conflicto, el doctor Biederman, es un viejo conocido de la psiquiatría mundial debido a su firme defensa del tratamiento farmacológico para los niños con trastorno bipolar. Esta postura le ha llevado incluso a defender el uso de fármacos psiquiátricos para estos pequeños aunque no estuviesen aún aprobados para este uso por las autoridades sanitarias.
La prensa de EEUU considera que su empeño en abordar este trastorno pediátrico (caracterizado por los cambios bruscos de humor de los niños) está detrás de que el número de diagnósticos
se haya multiplicado por 40 entre 1994 y 2003; con el consiguiente aumento del uso de fármacos para hacer frente a esas 'crisis' infantiles. Se calcula que en 2007 unos 500.000 menores recibieron al menos un antipsicótico; de ellos, 20.500 tenían menos de seis años.
La investigación ha llevado al senador Grassley a solicitar un nuevo sistema nacional para hacer públicas las relaciones monetarias entre científicos y empresas. Un sistema, añade, que no esté basado únicamente en el honor y en la confianza, sino que permita de alguna manera verificar las cifras. "Si alguien me dijese ahora que ha recibido 80.000 dólares de una compañía farmacéutica no tendría ni siquiera manera de comprobarlo", admite el decano de la Universidad de Yale, Robert Alpern.
Un portavoz de los Institutos Nacionales de Salud de EEUU, John Burklow, ya ha asegurado que si se confirma esta violación de la legislación, "se tomarán las medidas adecuadas". Los científicos implicados en este fraude también recibieron importantes cantidades para sus estudios procedentes de organismos públicos, un dinero que ahora podría serles retirado o suspendido.
"Mi único interés ha sido el avance de los tratamientos médicos a través del estudio serio y riguroso", se ha defendido Biederman en un correo electrónico enviado al New York Times. Por el contrario, muchos colegas temen que sus trabajos (publicados entre 2001 y 2006) han servido para expandir innecesariamente la definición y los síntomas del trastorno bipolar a muchos niños que, simplemente, no están enfermos.

Detenidos en Italia 13 médicos de una clínica privada que realizaban intervenciones innecesarias

El país.com
AGENCIAS - Roma - 09/06/2008
La Guardia di Finanza italiana (policía fiscal) ha detenido a 13 médicos y al propietario de la clínica privada Santa Rita de Milán bajo las acusaciones de estafa contra la sanidad pública y en algunos casos de homicidio voluntario agravado. Dos de los detenidos han sido encarcelados, mientras que el resto ha sido puesto bajo arresto domiciliario.
De acuerdo a los investigadores, en la clínica, que estaba subvencionada por la Seguridad Social, se falsificaban los historiales de los pacientes para aumentar los reembolsos estatales, que en los últimos años habrían llegado a los dos millones y medio de euros. En el departamento de Cirugía de Tórax se efectuaron intervenciones inútiles e inexplicables a decenas de pacientes que no necesitaban ser operados. Por ello, algunos de los facultativos detenidos están acusados de cinco casos de homicidio voluntario agravado, además de ocasionar unos 90 episodios de lesiones graves, según la Fiscalía.
En la clínica de los horrores, como ha sido denominada Santa Rita por los medios de comunicación italianos, también se han producido una decena de casos de pacientes con tuberculosis, a quienes se decidió sin motivo valido extirpar un pulmón.
En otro de los casos citados por los medios locales, a una chica de 18 años se la sometió a una mastectomía radical, cuando habría bastado la extirpación de algunos nódulos. A las detenciones se ha llegado a través de escuchas telefónicas entre los médicos de la estructura sanitaria en las que afirmaban "que era necesario operar lo más posible para aumentar los beneficios", informó el coronel de Cesare Marangoni.

Gimnasia cerebral vs. deterioro intelectual





Leer, aprender alguna actividad artística o deportiva y resolver problemas matemáticos son recursos que nos ayudan a desarrollar habilidades mentales, pero también pueden ser de gran utilidad para evitar o retrasar el avance de padecimientos que generan pérdida de memoria.
Si hay algo que nos distingue a los seres humanos es, sin duda, el hecho de que contamos con amplio desarrollo en nuestra inteligencia, memoria y capacidad de raciocinio, y gracias a ello hemos sido capaces de modificar nuestro entorno, organizar complejas sociedades y crear innumerables manifestaciones culturales, artísticas o tecnológicas.
Empero, estas facultades mentales no están libres de amenaza y es sabido que pueden sufrir deterioro considerable debido a enfermedades como el mal de Alzheimer (pérdida de memoria y alteraciones en la conducta y el pensamiento que impiden la realización de actividades diarias) o demencia vascular (muerte o infarto del tejido neuronal por interrupción en el suministro de nutrientes, sea por ruptura o taponamiento de las vías sanguíneas), pero también porque hacemos poco por ejercitarlas debidamente.
Por fortuna, la Medicina ha descubierto varios recursos que ayudan a contrarrestar esta situación y que se encuentran al alcance de todos.
La gimnasia cerebral es uno de ellos y, “aunque tiene un nombre rimbombante, en realidad es algo muy sencillo, pues se refiere a una serie de y métodos que tienen la finalidad de mantener activo al cerebro.
El motivo es simple: se ha demostrado que entre más se utilice este órgano, la posibilidad de que se presenten fallas en sus funciones disminuye”, indica el Dr. Carlos Cuevas García, jefe del servicio de Neurología del Hospital Regional No. 1, Gabriel Mancera, del Instituto Mexicano del Seguro Social, ubicado en la Ciudad de México.
En opinión del especialista, quien también se desempeña como neurólogo en el hospital Ángeles de Pedregal, también en el D. F., las investigaciones que se han realizado en distintos países para descubrir cuál es el perfil de los pacientes que padecen enfermedades que ocasionan deterioro de las facultades mentales (demencias), han encontrado que, por ejemplo, quienes cuentan con estudios universitarios o tienen actividad cerebral constante presenta mal de Alzheimer con menos frecuencia, o al menos tardan más en presentar síntomas.
Así, las conclusiones hasta el momento son claras e indican que “las funciones mentales que nos hacen distintos a otros seres vivos, como lenguaje, juicio, raciocinio, memoria, abstracción, concentración o capacidad de cálculo, pueden afectarse cuando no se utilizan, y precisamente son estas cualidades las que tratamos de estimular a través de la gimnasia cerebral”.
Vamos neurona, ponte en movimiento Por principio de cuentas, el Dr. Cuevas García explica que el funcionamiento del cerebro se basa en la creación de “caminos” capaces de conducir señales eléctricas.
“Para levantar una mano, pensar, pronunciar palabras y realizar cualquier actividad se necesita que las neuronas se conecten unas con otras (formen sinapsis) hasta establecer circuitos”.
Esta actividad es visible mediante una tomografía por emisión de positrones, método de medicina nuclear que permite visualizar la actividad celular.
Para llevar a cabo esta observación, “se inyecta un radiomarcador (sustancia radiactiva que se une a los transmisores o sustancias con que se comunican las neuronas) y seguimos su desplazamiento gracias a un dispositivo especial (gammacámara).
De este modo, cuando le pedimos a la persona que realice alguna actividad, como ver una fotografía, mover las manos o hablar, descubriremos en las imágenes del monitor cómo se van ‘iluminando’ distintas regiones del cerebro, que son los circuitos neuronales”.
El especialista detalla que en teoría empleamos sólo 10% del cerebro, en tanto que el otro 90% lo usamos muy poco.
“Casi todas las personas realizan sus actividades con una sola mano (peinarse, escribir, marcar el teléfono, firmar) e ignoran a su otra extremidad.
Un diestro se da cuenta fácilmente de que al escribir con la izquierda su capacidad es diferente, pues ha desarrollado lo que llamamos lateralidad, es decir, su actividad neuronal se centra en un hemisferio cerebral”.
De esta manera, lo que busca la gimnasia cerebral es poner en actividad aquellas partes del cerebro que normalmente no usamos, a fin de crear nuevas conexiones o sinapsis.
“El objetivo es aprovechar una cualidad que conocemos desde hace tiempo: la plasticidad.
Los pacientes que sufren un infarto cerebral suelen presentar como consecuencia una disfuncionalidad, entre ellas, dificultad para hablar o mover un brazo.
Sin embargo, mediante rehabilitación es posible alcanzar un nivel de recuperación de hasta 70 u 80%, lo cual se debe a que las neuronas de la zona afectada mueren, pero su función es suplida por todas las que hay alrededor.
Por ello decimos que el cerebro puede reinventarse”.
En resumen, el Dr. Carlos Cuevas comenta que “la realización de actividades que no hacemos comúnmente, como escribir con la mano que no es la dominante, es suficiente para estimular al cerebro.
También lo es resolver crucigramas o “sopa de letra”, jugar ajedrez o cartas, aprender un idioma o leer el periódico en voz alta y comentarlo con alguien más.
Todo esto se ve muy sencillo, pero es la base de la gimnasia cerebral”.
No sólo de ideas vive el cerebro Aunque el neurólogo explica que las personas con 50 años o más son uno de los grupos más beneficiados por las técnicas para ejercitar la actividad neuronal, cualquier edad es buena para llevarlas a cabo.
“Lo importante es que se recurra a todo lo que sea aprender y adquirir habilidades nuevas.
Por ejemplo, médicos, abogados y quienes usan mucho el pensamiento lógico pueden recurrir a actividades artísticas, como pintar y declamar; en cambio, quienes se dedican a la música u otras disciplinas relacionadas con la sensibilidad, deben ejercitarse con labores matemáticas, sistematizadas y lógicas”.
Al preguntarle sobre las numerosas publicaciones que existen en el mercado sobre este tema, el Dr. Cuevas menciona que los sistemas que exponen son parecidos y, por lo general, confiables.
En este sentido, menciona que “Luz María Ibarra, quien es especialista en programación neurolingüística (estudio de los procesos mentales del individuo que proporciona herramientas ideales para optimizar sus capacidades), escribió un libro con un programa de trabajo muy esquemático, pero fácil de realizar, en el que se pide a la persona que cumpla con determinadas metas en cierto tiempo.
Por ejemplo, se le sugiere que un día se peine con la mano que no es dominante, en otro que se lave los dientes, y así continúe paso a paso en su objetivo.
Sin embargo, cabe destacar que la efectividad de éste método y de cualquier otro (puede encontrarse en una página de internet o ser sugerido por un médico) dependerá de la constancia del practicante”.
El Dr. Cuevas García agrega que existen otros recursos para mejorar la actividad neuronal, tales como estimular los sentidos (la piel es el órgano más perceptivo de todo el cuerpo) o practicar ejercicio de manera regular (mejora la coordinación de movimientos, el equilibrio y otras funciones).
Asimismo, el neurólogo recuerda que el buen desempeño de las facultades mentales también se relaciona con los hábitos de vida y no sólo con ejercicios de aprendizaje.
“Las evidencias muestran que lo más prudente es llevar una vida ordenada, porque a fin de cuentas el cuerpo nos cobra todo aquello que hemos hecho mal.
Quien se alimenta adecuadamente, hace ejercicio y no fuma ni toma alcohol, tiene mejor irrigación de sangre al cerebro, pero la gente con presión arterial elevada, obesidad o diabetes (altos niveles de azúcar en sangre) presentará daño en su sistema circulatorio y, por ende, su labor no va a ser tan fácil a pesar de la gimnasia cerebral”.



Finalmente, el especialista indica que la expectativa de vida en nuestros días es mayor que en generaciones anteriores, y ello es motivo suficiente para que la gente reflexione sobre la importancia de mantener una actividad cerebral constante que le permita gozar una vejez plena.
“Tenemos un problema de educación, ya que en otros países las personas de 70 u 80 años se mantienen activas, mientras que en México vemos a nuestros ancianos en casa, sentados, obesos, sólo esperando a ver qué pasa.
La gimnasia cerebral es buena alternativa para que ellos estén mejor, e incluso para que la practiquen los adultos más jóvenes, pues aunque lleguen a pensar que no tiene caso que ejerciten sus redes neuronales, algún día lo van a necesitar, ya que un órgano que no se utiliza, se atrofia”, concluye el Dr. Cuevas García.
Rafael Mejía

martes, 20 de mayo de 2008

Multinacionales y ONG de la Iglesia se benefician de la privatización de la salud


Tras meses de movilizaciones ciudadanas y profesionales en defensa de la sanidad pública en la Comunidad de Madrid, los partidos políticos de la oposición reaccionan ahora ante un turbio proceso de privatizaciones que viene de lejos.


El debate político en torno a la vertiginosa privatización del Sistema de Salud Pública madrileño está cobrando un tono grueso. A las recientes huelgas de facultativos, las regulares manifestaciones de los colectivos vecinales, sindicatos y grupos de pacientes y a la alerta avivada por los profesionales, la semana pasada se unieron las denuncias de la famélica oposición parlamentaria de Esperanza Aguirre. “Alerta máxima”, “escándalo”, “apoyaremos todas las movilizaciones”, sentenciaron los máximos dirigentes del PSOE e IU.
Tarde. Han tenido que leer en los periódicos que, hace ya 18 meses, el Gobierno regional puso en manos privadas la asistencia hospitalaria urgente y programada, la atención especializada y los diagnósticos de laboratorio de la población de 14 zonas básicas de salud de la capital (unas 500.000 personas) y la noticia sobre la privatización de dos ambulatorios (Pontones y Quintana) para descubrir que el avanzado estado de descomposición en que se encuentra la sanidad en la región no concluía con la privatización de la gestión de los hospitales, sino en la Atención Primaria (AP). Primera consecuencia : el reciente cierre de los laboratorios del centro de especialidades de Pontones, cuya labor pasará a realizar una firma privada.
En una región donde el PP es el partido más votado desde 1991, no debería alarmar a nadie la celeridad con que los últimos consejeros de Sanidad, Manuel Lamela y Juan José Güemes, ceden a manos privadas lo que es del común. Es la clandestinidad de sus decisiones lo que chirría del Gobierno Aguirre, las cuales ni siquiera somete al dictamen amigo de la Asamblea regional.
Y si la oposición llora cuando se hace eco de la prensa, los 700 trabajadores del Instituto de Salud Pública se enteraron por el Boletín Oficial de la CM del pasado 9 de abril de la desaparición del organismo que durante 30 años se ha encargado, entre otras funciones, de medir los niveles de contaminación ambiental o la potabilidad del agua, que lidió con la crisis de las ‘vacas locas’, la legionela o los brotes de meningitis. En un contexto de saturación de los hospitales públicos, endeudamiento acusado, caos en la AP y déficit progresivo de facultativos por la huida de médicos a la sanidad privada y comunidades limítrofes, el reparto del pastel sanitario encuentra dos destinatarios : las multinacionales y las ONG religiosas.
Una de estas grandes beneficiarias es Capio, una transnacional de origen sueco (comprada en 2007 por Apax Partners, el mayor fondo de capital riesgo europeo, por 1.800 millones de euros) con intereses en nueve países de la UE y contrastada experiencia en el sistema de salud británico, gran inspirador de la política de Aguirre (ver recuadro). Las migajas de la tarta sanitaria caen en manos de organizaciones religiosas, bien a través de la derivación de enfermos a sus hospitales o con la introducción de sus asociaciones en los servicios de salud.
Es el caso de la ONG Desarrollo y Asistencia, vinculada al Opus Dei y presidida desde hace 13 años por el general jubilado José María Sáez de Tejada, recientemente condecorado. Esta entidad mantiene seis convenios con organismos públicos madrileños, principalmente con el Gobierno de Aguirre. Para ella gestiona el apoyo a los pacientes en dos hospitales públicos, el Clínico (desde 1999) y La Princesa (2001). A estas alturas, nadie conoce el coste económico real del proceso de privatización. Lo que sí puede medirse es lo que deja por hacer. En 2005, la CM prometió la creación de tres nuevas unidades de cuidados paliativos en los hospitales Clínico, La Paz y 12 de Octubre. El retraso de la aplicación de esta medida, que se materializará a partir de junio, ha hecho que los enfermos terminales hayan sido derivados a seis clínicas privadas, cinco de ellas pertenecientes a entidades religiosas.


LOS NEGOCIOS DE CAPIO SANIDAD

En Capio Sanidad, la filial española de la empresa, trabajan 4.300 personas. En 2006 facturó 249,5 millones de euros, de los que al menos 140 procedieron de las arcas de la CM. Entre sus activos (valorados en 659 millones) se incluyen la Fundación Jiménez Díaz de Madrid, el Hospital Sur de Valdemoro y otros 18 hospitales privados. En sus memorias de actividad, Capio presume del bajo absentismo de su plantilla, menor al 8%, pero omite cualquier mención a las ventas y los beneficios generados en España. En 2007 recibió del Gobierno regional 187,3 millones de euros, 47,3 más que el año anterior. Para parte de la oposición política, esa subida y la improvisación con que actúa el Servicio Madrileño de Salud explicarían el oscurantismo con que realiza sus movimientos más atrevidos.

Felicia Barrio
Diagonal

La pobreza perjudica seriamente la salud


Que la pobreza perjudica la salud es una de esas cosas que por obvias resultan invisibles. El 7 de mayo se presentó en Sevilla uno de los pocos informes existentes en el Estado sobre desigualdad y salud.


Las manifestaciones de la desigualdad en Andalucía han ido variando, en calidad y en cantidad, a lo largo de su historia. Ni siquiera las políticas sociales y económicas más avanzadas y la extensión del Estado de bienestar en España en los últimos 30 años han podido reducir sustancialmente la desigualdad ni entre España y Andalucía ni en el interior de Andalucía, como pone de relieve el que a primeros de los ‘90, el 10% de la población más rica acumulara el 25,26% de los ingresos y el 10% más pobre sólo el 2,54%. Si bien es verdad que la polarización social ya no presenta los tintes dramáticos de otras épocas, no deja de ser significativo que incluso todavía en 2005 el porcentaje de hogares situados por debajo del umbral de pobreza en Andalucía era de uno de cada tres, frente a uno de cada cinco en el conjunto nacional.
En consecuencia con estos datos de desigualdad económica, la desigualdad en la esperanza de vida al nacer entre la media de España y Andalucía es en la actualidad de más de un año y tres meses, con una ligera desventaja para las mujeres andaluzas y llega a ser de dos años y medio si comparamos Andalucía con las comunidades autónomas aventajadas y más ricas del Estado español, como Navarra. En los últimos 30 años, esta desigualdad no sólo se ha mantenido sino que incluso ha aumentado.
Andalucía lleva un retraso de seis años en el proceso de mejora de la esperanza de vida con respecto a la media española. De seguir la actual tendencia, Andalucía no alcanzará la esperanza de vida que se disfruta ya en el resto del Estado hasta el año 2014, y no alcanzará la que se disfruta en estos momentos en Navarra hasta el 2020.
Las desigualdades respecto al resto del país no se circunscriben a la longevidad, se extienden a la calidad de vida con la que vivimos, medida mediante la Esperanza de Vida Libre de Discapacidad. Los indicadores de la calidad de vida apuntan a que los andaluces, tanto en los hombres como las mujeres, viven en peor estado de salud y con más discapacidades que la media del Estado español. Son especialmente preocupantes las tasas de prevalencia de discapacidades en la población andaluza a partir de los 65 años, en particular en las mujeres, tanto por sus valores elevados como por afectar a un sector de población cada vez más numeroso.
La distribución geográfica de la mortalidad por municipios en Andalucía presenta un patrón esteoeste. En la parte occidental, con niveles de mortalidad más elevados, es una zona de claro predominio urbano y mayor desarrollo industrial, frente a la parte oriental, donde predominan los municipios rurales.


Mayor mortalidad en el sur


Las capitales de provincia de Andalucía, se incluyen dentro de los municipios españoles con mayor mortalidad. En líneas generales, las capitales de provincia presentaron más mortalidad que la provincia a la que pertenecen e incluso que el conjunto de la Comunidad Autónoma, especialmente en hombres. Estas diferencias son aún más patentes en la mortalidad prematura.
Granada, Almería y Córdoba son las ciudades donde la mortalidad atribuible a las desigualdades fue mayor, mientras que el resto de capitales andaluzas presentaron diferencias menores. Los mapas de desigualdades socioeconómicas y mortalidad de las capitales de provincia de Andalucía muestran algunas secciones censales socialmente desfavorecidas que también presentan unas tasas de mortalidad elevadas.
Las mujeres son las más perjudicadas por estas desigualdades en salud por razón de género, que además se entrecruzan y potencian con la clase social, con su peor situación económica y social. Más de la mitad de las mujeres andaluzas se identifican como amas de casa y en general, en relación con los hombres, tienen peores posiciones en nivel de estudios, trabajo remunerado y ocupación. Las mujeres tienen peor salud percibida y calidad de vida, utilizan de manera diferente los servicios sanitarios, y se encargan preferentemente de los trabajos domésticos y de los cuidados a personas dependientes. Además, viven solas y perciben un apoyo social deficiente con mayor frecuencia que los hombres.
En la medida que se sigan manteniendo las graves desigualdades en las condiciones de vida entre Andalucía y España y dentro de Andalucía se seguirán conservando importantes y crecientes desigualdades sociales en la salud. Llegar a evitarlas pasa por reconocer, y actuar en consonancia respecto al enorme peso que los factores políticos, económicos y sociales tienen en la salud de las personas. En este estudio, los servicios sanitarios andaluces demuestran estar funcionando como un aceptable tampón del efecto en la salud de las desigualdades sociales. Las desigualdades en salud que hemos encontrado serían sin duda mucho mayores si no nos hubiéramos dotado de un sistema público de salud, universal, y con un funcionamiento tendente a la equidad, siempre que no avance la lógica privatizadora de estos servicios públicos.


Precariedad laboral, obesidad y tabaquismo


La precariedad laboral también afecta a la salud. Hay un mayor número de andaluces con salud deficiente entre los que están en situación de desempleo (18,8%), seguido de aquellos que trabajan sin contrato (14,6%). En las mujeres, en cambio, la peor salud se da entre las que trabajan por cuenta propia o no son asalariadas (21,9%), después de las que trabajan sin contrato (18,6%), lo que se asocia a unas malas condiciones del propio puesto, inseguridad por la pérdida real del trabajo y a puestos de baja cualificación. En las mujeres del estudio este tipo de relación se da principalmente en el servicio doméstico. Las personas que viven en hogares con bajos ingresos, asimismo, residen en zonas con muy escasas zonas verdes, lo que señala muy probablemente una peor calidad ambiental de sus lugares de residencia, asociada a un mayor sedentarismo.
La obesidad y las desigualdades en obesidad aumentaron desde 1987 hasta 2003. Las personas con niveles educativos más bajos son las que presentan frecuencias más altas. También se observan desigualdades en los hábitos alimenticios cuando se considera el nivel educativo y la clase social. El consumo de tabaco presenta patrones diferentes según el sexo y las clases sociales. Desde 1987 consumen más los hombres de niveles educativos más bajo, y si bien en 1987 eran las mujeres de mayor nivel educativo las que más fumaban, en el año 2003 ocurre a la inversa.

Carlos Álvarez-Dardet y Antonio Escolar

Diagonal

viernes, 16 de mayo de 2008

Sin dudas


"La enfermedad es un negocio para las multinacionales"; lo dice Richard J. Roberts, premio Nobel de medicina



InSurGente.-La investigación en la salud humana no puede depender tan sólo de su rentabilidad económica. Lo que es bueno para los dividendos de las empresas no siempre es bueno para las personas. La industria farmacéutica quiere servir a los mercados de capital. En "Leer más" reproducimos una entrevista al premio Nobel de medicina Richard J. Roberts que, con una lógica aplastante, sostiene que el farmaco que cura del todo no es rentable. La salud como negocio, el ser humano como cobaya y fuente de ingresos para las multinacionales farmacéuticas.

- ¿La investigación se puede planificar?

- Si yo fuera ministro de Ciencia, buscaría a gente entusiasta con proyectos interesantes; les daría el dinero justo para que no pudieran hacer nada más que investigar y les dejaría trabajar diez años para sorprendernos.

- Parece una buena política

- Se suele creer que, para llegar muy lejos, tienes que apoyar la investigación básica; pero si quieres resultados más inmediatos y rentables, debes apostar por la aplicada...

- ¿Y no es así?

- A menudo, los descubrimientos más rentables se han hecho a partir de preguntas muy básicas. Así nació la gigantesca y billonaria industria biotech estadounidense para la que trabajo.

- ¿Cómo nació?

- La biotecnología surgió cuando gente apasionada se empezó a preguntar si podría clonar genes y empezó a estudiarlos y a intentar purificarlos.

- Toda una aventura

- Sí, pero nadie esperaba hacerse rico con esas preguntas. Era difícil obtener fondos para investigar las respuestas hasta que Nixon lanzó la guerra contra el cáncer en 1971.

- ¿Fue científicamente productiva?

- Permitió, con una enorme cantidad de fondos públicos, mucha investigación, como la mía, que no servía directamente contra el cáncer, pero fue útil para entender los mecanismos que permiten la vida.

- ¿Qué descubrió usted?

- Phillip Allen Sharp y yo fuimos premiados por el descubrimiento de los intrones en el ADN eucariótico y el mecanismo de gen splicing (empalme de genes).

- ¿Para qué sirvió?

- Ese descubrimiento permitió entender cómo funciona el ADN y, sin embargo, sólo tiene una relación indirecta con el cáncer.

- ¿Qué modelo de investigación le parece más eficaz, el estadounidense o el europeo?

- Es obvio que el estadounidense, en el que toma parte activa el capital privado, es mucho más eficiente. Tómese por ejemplo el espectacular avance de la industria informática, donde es el dinero privado el que financia la investigación básica y aplicada, pero respecto a la industria de la salud... Tengo mis reservas.

- Le escucho

- La investigación en la salud humana no puede depender tan sólo de su rentabilidad económica. Lo que es bueno para los dividendos de las empresas no siempre es bueno para las personas.

- Explíquese

- La industria farmacéutica quiere servir a los mercados de capital...

- Como cualquier otra industria.

- Es que no es cualquier otra industria: estamos hablando de nuestra salud y nuestras vidas y las de nuestros hijos y millones de seres humanos.

- Pero si son rentables, investigarán mejor

- Si sólo piensas en los beneficios, dejas de preocuparte por servir a los seres humanos.

- Por ejemplo...

- He comprobado como en algunos casos los investigadores dependientes de fondos privados hubieran descubierto medicinas muy eficaces que hubieran acabado por completo con una enfermedad...

- ¿Y por qué dejan de investigar?

- Porque las farmacéuticas a menudo no están tan interesadas en curarle a usted como en sacarle dinero, así que esa investigación, de repente, es desviada hacia el descubrimiento de medicinas que no curan del todo, sino que cronifican la enfermedad y le hacen experimentar una mejoría que desaparece cuando deja de tomar el medicamento.

- Es una grave acusación

- Pues es habitual que las farmacéuticas estén interesadas en líneas de investigación no para curar sino sólo para cronificar dolencias con medicamentos cronificadores mucho más rentables que los que curan del todo y de una vez para siempre. Y no tiene más que seguir el análisis financiero de la industria farmacológica y comprobará lo que digo.

- Hay dividendos que matan

- Por eso le decía que la salud no puede ser un mercado más ni puede entenderse tan sólo como un medio para ganar dinero. Y por eso creo que el modelo europeo mixto de capital público y privado es menos fácil que propicie ese tipo de abusos.

- ¿Un ejemplo de esos abusos?

- Se han dejado de investigar antibióticos porque son demasiado efectivos y curaban del todo. Como no se han desarrollado nuevos antibióticos, los microorganismos infecciosos se han vuelto resistentes y hoy la tuberculosis, que en mi niñez había sido derrotada, está resurgiendo y ha matado este año pasado a un millón de personas.

- ¿No me habla usted del Tercer Mundo?

- Ése es otro triste capítulo: apenas se investigan las enfermedades tercermundistas, porque los medicamentos que las combatirían no serían rentables. Pero yo le estoy hablando de nuestro Primer Mundo: la medicina que cura del todo no es rentable y por eso no investigan en ella.

- ¿Los políticos no intervienen?

- No se haga ilusiones: en nuestro sistema, los políticos son meros empleados de los grandes capitales, que invierten lo necesario para que salgan elegidos sus chicos, y si no salen, compran a los que son elegidos.

- De todo habrá.

- Al capital sólo le interesa multiplicarse. Casi todos los políticos -y sé de lo que hablo- dependen descaradamente de esas multinacionales farmacéuticas que financian sus campañas. Lo demás son palabras...

martes, 13 de mayo de 2008

El imperio del consumo


La explosión del consumo en el mundo actual mete más ruido que todas las guerras y arma más alboroto que todos los carnavales. Como dice un viejo proverbio turco, quien bebe a cuenta, se emborracha el doble. La parranda aturde y nubla la mirada; esta gran borrachera universal parece no tener límites en el tiempo ni en el espacio. Pero la cultura de consumo suena mucho, como el tambor, porque está vacía; y a la hora de la verdad, cuando el estrépito cesa y se acaba la fiesta, el borracho despierta, solo, acompañado por su sombra y por los platos rotos que debe pagar. La expansión de la demanda choca con las fronteras que le impone el mismo sistema que la genera. El sistema necesita mercados cada vez más abiertos y más amplios, como los pulmones necesitan el aire, y a la vez necesita que anden por los suelos, como andan, los precios de las materias primas y de la fuerza humana de trabajo. El sistema habla en nombre de todos, a todos dirige sus imperiosas órdenes de consumo, entre todos difunde la fiebre compradora; pero ni modo: para casi todos esta aventura comienza y termina en la pantalla del televisor. La mayoría, que se endeuda para tener cosas, termina teniendo nada más que deudas para pagar deudas que generan nuevas deudas, y acaba consumiendo fantasías que a veces materializa delinquiendo.
El derecho al derroche, privilegio de pocos, dice ser la libertad de todos. Dime cuánto consumes y te diré cuánto vales. Esta civilización no deja dormir a las flores, ni a las gallinas, ni a la gente. En los invernaderos, las flores están sometidas a luz continua, para que crezcan más rápido. En la fábricas de huevos, las gallinas también tienen prohibida la noche. Y la gente está condenada al insomnio, por la ansiedad de comprar y la angustia de pagar. Este modo de vida no es muy bueno para la gente, pero es muy bueno para la industria farmacéutica. EEUU consume la mitad de los sedantes, ansiolíticos y demás drogas químicas que se venden legalmente en el mundo, y más de la mitad de las drogas prohibidas que se venden ilegalmente, lo que no es moco de pavo si se tiene en cuenta que EEUU apenas suma el cinco por ciento de la población mundial.
«Gente infeliz, la que vive comparándose», lamenta una mujer en el barrio del Buceo, en Montevideo. El dolor de ya no ser, que otrora cantara el tango, ha dejado paso a la vergüenza de no tener. Un hombre pobre es un pobre hombre. «Cuando no tenés nada, pensás que no valés nada», dice un muchacho en el barrio Villa Fiorito, de Buenos Aires. Y otro comprueba, en la ciudad dominicana de San Francisco de Macorís: «Mis hermanos trabajan para las marcas. Viven comprando etiquetas, y viven sudando la gota gorda para pagar las cuotas».
Invisible violencia del mercado: la diversidad es enemiga de la rentabilidad, y la uniformidad manda. La producción en serie, en escala gigantesca, impone en todas partes sus obligatorias pautas de consumo. Esta dictadura de la uniformización obligatoria es más devastadora que cualquier dictadura del partido único: impone, en el mundo entero, un modo de vida que reproduce a los seres humanos como fotocopias del consumidor ejemplar.
El consumidor ejemplar es el hombre quieto. Esta civilización, que confunde la cantidad con la calidad, confunde la gordura con la buena alimentación. Según la revista científica The Lancet, en la última década la «obesidad severa» ha crecido casi un 30 % entre la población joven de los países más desarrollados. Entre los niños norteamericanos, la obesidad aumentó en un 40% en los últimos dieciséis años, según la investigación reciente del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Colorado. El país que inventó las comidas y bebidas light, los diet food y los alimentos fat free, tiene la mayor cantidad de gordos del mundo. El consumidor ejemplar sólo se baja del automóvil para trabajar y para mirar televisión. Sentado ante la pantalla chica, pasa cuatro horas diarias devorando comida de plástico.
Triunfa la basura disfrazada de comida: esta industria está conquistando los paladares del mundo y está haciendo trizas las tradiciones de la cocina local. Las costumbres del buen comer, que vienen de lejos, tienen, en algunos países, miles de años de refinamiento y diversidad, y son un patrimonio colectivo que de alguna manera está en los fogones de todos y no sólo en la mesa de los ricos. Esas tradiciones, esas señas de identidad cultural, esas fiestas de la vida, están siendo apabulladas, de manera fulminante, por la imposición del saber químico y único: la globalización de la hamburguesa, la dictadura de la fast food. La plastificación de la comida en escala mundial, obra de McDonald’s, Burger King y otras fábricas, viola exitosamente el derecho a la autodeterminación de la cocina: sagrado derecho, porque en la boca tiene el alma una de sus puertas.
El campeonato mundial de fútbol del 98 nos confirmó, entre otras cosas, que la tarjeta MasterCard tonifica los músculos, que la Coca-Cola brinda eterna juventud y que el menú de McDonald’s no puede faltar en la barriga de un buen atleta. El inmenso ejército de McDonald’s dispara hamburguesas a las bocas de los niños y de los adultos en el planeta entero. El doble arco de esa M sirvió de estandarte, durante la reciente conquista de los países del Este de Europa. Las colas ante el McDonald’s de Moscú, inaugurado en 1990 con bombos y platillos, simbolizaron la victoria de Occidente con tanta elocuencia como el desmoronamiento del Muro de Berlín. Un signo de los tiempos: esta empresa, que encarna las virtudes del mundo libre, niega a sus empleados la libertad de afiliarse a ningún sindicato. McDonald’s viola, así, un derecho legalmente consagrado en los muchos países donde opera. En 1997, algunos trabajadores, miembros de eso que la empresa llama la Macfamilia, intentaron sindicalizarse en un restorán de Montreal en Canadá: el restorán cerró. Pero en el 98, otros empleados e McDonald’s, en una pequeña ciudad cercana a Vancouver, lograron esa conquista, digna de la Guía Guinness.
Las masas consumidoras reciben órdenes en un idioma universal: la publicidad ha logrado lo que el esperanto quiso y no pudo. Cualquiera entiende, en cualquier lugar, los mensajes que el televisor transmite. En el último cuarto de siglo, los gastos de publicidad se han duplicado en el mundo. Gracias a ellos, los niños pobres toman cada vez más Coca-Cola y cada vez menos leche, y el tiempo de ocio se va haciendo tiempo de consumo obligatorio. Tiempo libre, tiempo prisionero: las casas muy pobres no tienen cama, pero tienen televisor, y el televisor tiene la palabra. Comprado a plazos, ese animalito prueba la vocación democrática del progreso: a nadie escucha, pero habla para todos. Pobres y ricos conocen, así, las virtudes de los automóviles último modelo, y pobres y ricos se enteran de las ventajosas tasas de interés que tal o cual banco ofrece.
Los expertos saben convertir a las mercancías en mágicos conjuntos contra la soledad. Las cosas tienen atributos humanos: acarician, acompañan, comprenden, ayudan, el perfume te besa y el auto es el amigo que nunca falla. La cultura del consumo ha hecho de la soledad el más lucrativo de los mercados. Los agujeros del pecho se llenan atiborrándolos de cosas, o soñando con hacerlo. Y las cosas no solamente pueden abrazar: ellas también pueden ser símbolos de ascenso social, salvoconductos para atravesar las aduanas de la sociedad de clases, llaves que abren las puertas prohibidas. Cuanto más exclusivas, mejor: las cosas te eligen y te salvan del anonimato multitudinario. La publicidad no informa sobre el producto que vende, o rara vez lo hace. Eso es lo de menos. Su función primordial consiste en compensar frustraciones y alimentar fantasías: ¿En quién quiere usted convertirse comprando esta loción de afeitar?El criminólogo Anthony Platt ha observado que los delitos de la calle no son solamente fruto de la pobreza extrema. También son fruto de la ética individualista. La obsesión social del éxito, dice Platt, incide decisivamente sobre la apropiación ilegal de las cosas. Yo siempre he escuchado decir que el dinero no produce la felicidad; pero cualquier televidente pobre tiene motivos de sobra para creer que el dinero produce algo tan parecido, que la diferencia es asunto de especialistas.
Según el historiador Eric Hobsbawm, el siglo XX puso fin a siete mil años de vida humana centrada en la agricultura desde que aparecieron los primeros cultivos, a fines del paleolítico. La población mundial se urbaniza, los campesinos se hacen ciudadanos. En América Latina tenemos campos sin nadie y enormes hormigueros urbanos: las mayores ciudades del mundo, y las más injustas. Expulsados por la agricultura moderna de exportación, y por la erosión de sus tierras, los campesinos invaden los suburbios. Ellos creen que Dios está en todas partes, pero por experiencia saben que atiene den las grandes urbes. Las ciudades prometen trabajo, prosperidad, un porvenir para los hijos. En los campos, los esperadores miran pasar la vida, y mueren bostezando; en las ciudades, la vida ocurre, y llama. Hacinados en tugurios, lo primero que descubren los recién llegados es que el trabajo falta y los brazos sobran, que nada es gratis y que los más caros artículos de lujo son el aire y el silencio.
Mientras nacía el siglo XIV, fray Giordano da Rivalto pronunció en Florencia un elogio de las ciudades. Dijo que las ciudades crecían «porque la gente tiene el gusto de juntarse». Juntarse, encontrarse. Ahora, ¿quién se encuentra con quién? ¿Se encuentra la esperanza con la realidad? El deseo, ¿se encuentra con el mundo? Y la gente, ¿se encuentra con la gente? Si las relaciones humanas han sido reducidas a relaciones entre cosas, ¿cuánta gente se encuentra con las cosas?
El mundo entero tiende a convertirse en una gran pantalla de televisión, donde las cosas se miran pero no se tocan. Las mercancías en oferta invaden y privatizan los espacios públicos. Las estaciones de autobuses y de trenes, que hasta hace poco eran espacios de encuentro entre personas, se están convirtiendo ahora en espacios de exhibición comercial.
El shopping center, o shopping mall, vidriera de todas las vidrieras, impone su presencia avasallante. Las multitudes acuden, en peregrinación, a este templo mayor de las misas del consumo. La mayoría de los devotos contempla, en éxtasis, las cosas que sus bolsillos no pueden pagar, mientras la minoría compradora se somete al bombardeo de la oferta incesante y extenuante. El gentío, que sube y baja por las escaleras mecánicas, viaja por el mundo: los maniquíes visten como en Milán o París y las máquinas suenan como en Chicago, y para ver y oír no es preciso pagar pasaje. Los turistas venidos de los pueblos del interior, o de las ciudades que aún no han merecido estas bendiciones de la felicidad moderna, posan para la foto, al pie de las marcas internacionales más famosas, como antes posaban al pie de la estatua del prócer en la plaza. Beatriz Solano ha observado que los habitantes de los barrios suburbanos acuden al center, al shopping center, como antes acudían al centro. El tradicional paseo del fin de semana al centro de la ciudad, tiende a ser sustituido por la excursión a estos centros urbanos. Lavados y planchados y peinados, vestidos con sus mejores galas, los visitantes vienen a una fiesta donde no son convidados, pero pueden ser mirones. Familias enteras emprenden el viaje en la cápsula espacial que recorre el universo del consumo, donde la estética del mercado ha diseñado un paisaje alucinante de modelos, marcas y etiquetas. La cultura del consumo, cultura de lo efímero, condena todo al desuso mediático. Todo cambia al ritmo vertiginoso de la moda, puesta al servicio de la necesidad de vender. Las cosas envejecen en un parpadeo, para ser reemplazadas por otras cosas de vida fugaz. Hoy que lo único que permanece es la inseguridad, las mercancías, fabricadas para no durar, resultan tan volátiles como el capital que las financia y el trabajo que las genera. El dinero vuela a la velocidad de la luz: ayer estaba allá, hoy está aquí, mañana quién sabe, y todo trabajador es un desempleado en potencia. Paradójicamente, los shoppings centers, reinos de la fugacidad, ofrecen la más exitosa ilusión de seguridad. Ellos resisten fuera del tiempo, sin edad y sin raíz, sin noche y sin día y sin memoria, y existen fuera del espacio, más allá de las turbulencias de la peligrosa realidad del mundo.
Los dueños del mundo usan al mundo como si fuera descartable: una mercancía de vida efímera, que se agota como se agotan, a poco de nacer, las imágenes que dispara la ametralladora de la televisión y las modas y los ídolos que la publicidad lanza, sin tregua, al mercado. Pero, ¿a qué otro mundo vamos a mudarnos? ¿Estamos todos obligados a creernos el cuento de que Dios ha vendido el planeta unas cuantas empresas, porque estando de mal humor decidió privatizar el universo? La sociedad de consumo es una trampa cazabobos. Los que tienen la manija simulan ignorarlo, pero cualquiera que tenga ojos en la cara puede ver que la gran mayoría de la gente consume poco, poquito y nada necesariamente, para garantizar la existencia de la poca naturaleza que nos queda. La injusticia social no es un error a corregir, ni
un defecto a superar: es una necesidad esencial. No hay naturaleza capaz de alimentar a un shopping center del tamaño del planeta.
Eduardo Galeano

domingo, 27 de abril de 2008

Curas en la ética política



Para estudiar ética o incluso para utilizar sus derivaciones morales, lo mejor tal vez no fuera la formación de un comité. Los comités desarrollan eficazmente funciones de diversa índole, pero encargar a un comité que recomiende la atención compasiva a un agonizante, de acuerdo a la deontología médica, la doctrina de la Iglesia, el deseo sedativo de la familia y el albedrío previamente expresado del paciente se antoja cuanto menos una petición difícil de cumplir.Ante la palabra agonía surge inmediatamente, sobre todo en los medios sociales más alertas, la palabra eutanasia, por lo que no sorprende que nuestras autoridades religiosas procuren que la muerte responda más la voluntad exclusiva de la Providencia que a la del ser humano. Y ahí debe estar la etiología de un convenio de colaboración entre la Comunidad de Madrid y la Provincia Eclesiástica de Madrid, es decir, el arzobispado, sobre asistencia religiosa en los centros hospitalarios públicos. Se firmó el documento el pasado día 2 de enero «en el marco de la Constitución española».
Y en uno de sus apartados se conviene en que «el Servicio de Asistencia Religiosa Católica, a través de sus legítimos representantes, formará parte del Comité de Ética y del Equipo Interdisciplinario de Cuidados Paliativos». Se trataría, en suma, de evitar o, al menos, intentarlo, casos de eutanasia, en lo referente a cuidados paliativos, y de vigilar que las prácticas abortivas no excedan los límites que marca la ley. Bien es cierto que las opiniones del Comité Ético no son vinculantes para el médico, pero también es cierta la fuerza disuasoria de una opinión ética emanada de un comité con presencia eclesiástica. Y estas situaciones, donde la deontología clínica y la moral católica no tienen que coincidir totalmente, dentro de su normal concordancia, pueden dar lugar, por emplear un galicismo, a episodios graves, como el sucedido en un hospital de la provincia de Madrid, en el que un médico jefe fue cesado por el gobierno de la Comunidad bajo la acusación de prácticas sedativas a enfermos terminales contrarias a la ley. La Justicia absolvió al médico mucho tiempo después de haber sufrido el daño, pero el gobierno de Esperanza Aguirre ha ignorado la sentencia. A los espíritus más liberales, en el buen sentido del término, y a la oposición de izquierda, PSOE e IU, les ha soliviantado el afloramiento de esta noticia, la del convenio por el que representantes de la Iglesia van a vigilar en los hospitales públicos agonías y embarazos, y piensan recurrir el acuerdo ante los tribunales ordinarios, exigiendo al mismo tiempo al gobierno madrileño que elimine el dichoso apartado antes de aplicar el dogmatismo y el fundamentalismo que encierra. Nadie ha criticado la asistencia religiosa a los enfermos en los centros sanitarios públicos, que está recogida en minuciosos acuerdos bilaterales, pero no la extensión de esa asistencia hasta un Comité de Ética, que a la ética no se le hubiera ocurrido crear.


Federico Abascal